miércoles, 11 de febrero de 2015

Querida M:
Hace tanto tiempo que no te escribo, que no sabes de mí, que no sé por donde empezar. 
Me gustaría decirte que seguí tú consejo y me hice esa chica fuerte que tu quisiste que fuera. Pero no es así. Poco queda ya de esa persona a la que tú conociste. Te dejé encerrada junto a todos ellos, en un pasado que no quiero recordar. Pero he decido quitarte el polvo, mirarte de nuevo, leerte de nuevo. Escribiéndote me sentía libre, y por eso te escribo ahora. Porque necesito esa ansiada libertad. 
No sé que fue de aquel sueño de irme África, o ser médico, o salvar a gente. Últimamente, solo puedo intentar salvarme a mí misma, y ni eso lo consigo. Me hundo. Recuerdo la primera vez que te dije que me hundía, que me estaba ahogando y nadie era capaz de sacarme. He leído todo lo que te escribí, he leído mi antiguo blog, y algo se ha roto dentro de mí. Han pasado años, años, y aún sigo aquí, a pesar de que dejé de escribir en ese blog y en ti para poder dejar todo el dolor atrás. 
Nunca se va a ir ¿verdad? Nunca dejaré de sentirme vacía. Escribí en mi última entrada que me iba para poner una barrera entre mi pasado y ese futuro tan increíble que me esperaba. Ese futuro, es esto. Ese futuro tan increíble del que me hablabas, es esto. 
Dejé de creer en Dios. No sé, a veces le hablo, a veces le lloro. Solo por saber si hay alguien ahí, alguien que me escucha a pesar de todo. Pero perdí la fe en Él, yo, que tanto creía. Te diría que no sé por qué, pero lo cierto es que le culpo. Le culpo por entregarme una vida que no me puede hacer feliz, por hacerme alguien incompleta. Y esto, me hace sentir tan mal, que muero por dentro cada vez que lo pienso. Yo, quien defendía la vida de todos esos niños soldado, esa gente que moría de hambre, todos los desfavorecidos. Yo, siendo una hipócrita y quejándome a pesar de tenerlo todo.
Un todo, que para mí no significa nada. 
Tengo cartas y cartas dedicadas a ti, preguntándote cual era el sentido de la vida, que hacía aquí, por qué sigo viviendo. Nadie puede responder a eso, solo tú misma, dijiste. Pero no lo encuentro. Cada día me levanto, y miro mi presente, mi pasado, mi futuro, y veo tan poca vida en ellos, que no sé que hacer. 
Es egoísta, es dañino, es lo peor que podría decir, y lo sé, pero estoy cansada de vivir. Estoy cansada de despertarme cada día. Ya no es un problema con mi cuerpo. Dejó de serlo hace mucho tiempo. No quiero un cuerpo con una delgadez extrema. Ni siquiera empecé en esto por eso. Solo quería fingir que podía dejar de ser yo, que podía convertirme en alguien con el cuerpo que yo quisiera. Jugar a ser Dios. 
Recuerdo que una vez te dije que me daba asco, que me odiaba, y me respondiste con un simple: hablaremos. Y hablamos. Y me dijiste que si buscaba atención, que si esto era algo pasajero. No sé. Quizá en aquel momento quería atención, que alguien se diese cuenta de que yo existía, siempre me sentí a la sombra de todo el mundo, nunca fui capaz de brillar por mi misma. Pero ahora no es ni por atención, ni es pasajero. 
Ahora, simplemente veo como pasan los años, y como mi vida, mi esplendoroso futuro, sigue siendo exactamente igual que mi pasado. Y a cada intento que hago por dejarlo atrás, por cambiar, mi reflejo, mi mente, me retiene. 
He tardado en darme cuenta, en querer admitirlo. Me he dañado a mi misma, me he insultado, me he dedicado las palabras más crueles, pero nunca he querido morir. No quiero vivir, pero el hecho de morir me asusta tanto, que prefiero continuar. 
Pese a todo, soy una optimista, siempre lo he sido. Intento tener esperanza, intento seguir creyendo en ese futuro increíble en el que yo, no sea yo. Intento pensar en mi vida, sin mí, y ahí si sería feliz. 
No sé por qué me pasa esto. No entiendo por qué caigo en una depresión constante cuando se supone que debería estar dando brincos de alegría. Eso hace la gente cuando tiene esta edad ¿no? 
Me empeñé en que la perfección era algo a lo que yo podía aspirar, sin darme cuenta que nadie puede alcanzarla. Y aun haciendo este razonamiento, sigo intentando alcanzarla. Porque si no mantengo la esperanza de que yo dejaré de ser yo, me hundiré para no volver a salir jamás. Mi miedo a fracasar, a equivocarme, a arrepentirme, es tan grande, que intento jugar siempre a lo seguro, sin poder disfrutar, sin poder liberarme. Estoy atada con las cadenas de mis pensamientos. 
Luché por la libertad de aquellos que no la tenían sin darme cuenta que yo misma me encarcelaba, y ya no puedo salir. Ya no puedo decirlo. Porque grito, y lo único que oigo es mi eco. No sé donde esta el mundo, M, no sé donde está la vida, pero lo echo de menos. Necesito sentir que vivo. Necesito sentir la felicidad, porque me hundo, me hundo más y más cada vez. Nunca haría nada como suicidarme, pensar en ello ya me angustia más que la propia muerte, pero me asusta estar cansándome de la vida tan rápido.
No leerás esto, porque ni siquiera tienes esta dirección, porque te dejé allí en el pasado, metida en esos muros. Pero ojalá pudieras. Incluso diciéndote que no quiero vivir, tú hubieras sabido que decir. 
Siempre sabías que decir. 
"No te niegues la belleza de ti misma, el mundo se mantiene por gente como tú". Intento no negármelo, M, lo intento. 

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