domingo, 14 de junio de 2015
La pregunta que te estés haciendo ahora mismo puede ser: ¿por qué me escribe una carta? Y mi respuesta es: ¿por qué no?
Lo cierto es que en la entrada anterior, os dedicaba una frase a cada uno poniendo por qué quería seguir abrazándoos. Y quería poner más sobre ti. Quería decirte más cosas. Así que creo que no tengo que tener una razón profunda para escribirte una carta como que sea tu cumpleaños, o tu santo. Creo que no hay razón más profunda que el sentir que quiero escribírtela.
Pienso en el futuro, mucho, mucho. Todo el tiempo. Y pienso muchísimo en ti. En todo lo que eres para mi. En todo lo que te necesito, aunque a veces me distancie, aunque a veces no lo demuestre, aunque a veces lo olvide. Lo cierto es que me asusta. Me asusta que empiece un nuevo año y no tenerte para llamarte y comentar los nuevos profesores. O el no verte cada día. Me asusta perderte. Aunque prometamos que no, aunque perjuremos que la vida no nos va a hacer eso a nosotros, me sigue dando miedo.
Quiero abrazarte, y seguir abrazándote, porque cuando lo hago, siento que tú eres mi hogar.
Mi hogar. Solo mi padre y tú me hacéis sentir eso. Es la mayor seguridad del mundo. Me siento como cuando eres pequeña y te caías,pero un adulto te cogía y tu creías que ya estaba todo bien.
Cuando te abrazo, y aspiro tu colonia, que tanto me gusta, o que tan bien huele sobre ti, o no sé, me siento en casa. Es como ese olor que recuerdas de cuando eras pequeña, de una comida en especial, de algo que marca tu casa.
Cuando te abrazo, siento que lo he hecho tantos millones de veces que mi cuerpo ya se amolda a ti. Que sé dónde voy a sentir tus huesos, dónde blandito, dónde suave. Y amo esa sensación.
Jamás te he agradecido todos estos años, todos los malos momentos, todos los buenos, todos los secretos compartidos y todos los que no han sido dichos. Ni siquiera puedo pensar en ti como una parte de mi vida. No, tu eres mi vida. Igual que lo soy yo, o lo es mi padre, o lo es mi tío. Si eres una parte te puedes ir, te puedes salir del puzzle. Si tu mismo eres el puzzle, no puedes separarte.
Sé que no todo han sido caminos de rosas en esta amistad. Sé que no lo he hecho sencillo muchas veces. Pero siempre seguiste ahí. Y yo quiero seguir ahí siempre para ti también. Porque cuando estoy realmente mal, solo me apetece hablar contigo. Cuando no sé que decisión tomar, tu voz me tranquiliza, y te miro a los ojos, y sé que tú me conoces como nadie lo hace. Y sé que yo te conozco.
Muchas veces lo he dicho, eres mi hermana. Por como me haces sentir. Por los recuerdos que me has dado. Por el tiempo que hemos empleado juntas. Por todo. Porque te lo has ganado. Pero desde hace tiempo, cuando pienso en que puedo irme, y dejar mi hogar, pienso en mi casa, mi cama, mis libros, pienso en mis tardes con mi padre, en mi habitación, y pienso en ti. Y nunca me había dado cuenta, de que tú eras eso para mi, un hogar.
Te quiero.
Gracias
Sé que no tengo palabras para escribir lo que siento, pero temo que si no lo escribo ahora, nunca lo haga.
Anoche me di cuenta de lo maravillosa y aterradora que es la vida. Así de generosa, dándotelo todo, y así de egoísta, quitándotelo. Te da un futuro, pero te quita cosas que tú quieres tener en él.
Quiero detener el tiempo. Quiero que todo se detenga, que mi cuerpo se quede en ese sofá, encima de todos, mientras sostengo un copa que no es mía en la mano, y tengo las patatas al lado. Mientras vosotros os estáis riendo con esas risas fuertes y potentes que retumban en mi cabeza, y que tan viva me hacen sentir. Quiero sentir esa música a todo volumen, con todos cantando las mejores canciones, porque esa lista de reproducción fue hecha para nosotros. Quiero que me vuelvas a sacar a bailar, y hacer los pasos más torpes del mundo pero aún así reír de felicidad.
Quiero volver a hacer pizza en una paellera a las diez de la noche como si fuera lo más normal. Y gritar por el balcón. Y pintar las uñas con diseños aztecas a las doce. Y jugar al juego más estúpido y picarme como una cría pequeña. Quiero que vuelva a ser la una, y estar sentada en tu regazo mientras jugamos un estúpido juego donde soy una gallina.
Y quiero acompañarte al baño como cuando éramos pequeñas y vigilarte la puerta. Y sentarme en el balcón, a mil pasos del suelo, con la vida tan grande que me dais a un lado, y con la muerte al otro.
Y quiero sentarme en el suelo con vosotras, y reírnos por todo y por nada. Reírnos porque todos éramos almas rotas que supieron encontrarse y unirse demasiado bien.
Quiero abrazarte, y que pongas tu barbilla sobre mi cabeza. Porque me siento tan pequeña, y tan protegida a la vez.
Quiero abrazarte, y sentir que puedo arreglar los pedazos rotos que componen tu alma. Y a veces, siento que lo hago. Siento que te ayudo. Siento que tu también notas que hay algo potente que une nuestras almas.
Quiero abrazarte, como cada noche, y que me digas alguna bordería para luego soltarme que me quieres. Porque eso me hace tan feliz. Porque me haces sentir tan bien.
Quiero abrazarte, y sentir tu pequeño cuerpo estrecharse con el mío, y sentir que yo te puedo proteger a ti. Que sé que pedazos rotos te componen, y que sé como mantenerlos unidos.
Quiero abrazarte, y sentir cada secreto compartido, cada lágrima que sé que guardas, y el peso de los años que sentimos.
Quiero abrazarte, y seguir abrazándote. Porque siempre serás mi hermana.
Quiero abrazarte y sentir lo mismo que sentí aquella vez y que sentí desde entonces. Que confías en mi. Y que yo lo hago en ti, hasta en lo más profundo.
Quiero abrazaros, y no soltaros. Porque me habéis enamorado de la vida. Y no es algo fácil de decir.
Estoy total, loca, y profundamente, enamorada de la vida. De esta vida. Y sé que nada será igual. Y me duele.
Pero estoy tan agradecida por todo. Tan enamorada de vosotros. De la felicidad que me habéis conseguido dar. Me da miedo pensar en el qué pasará, en cómo irá cambiando todo. Porque no quiero perder absolutamente nada, a nadie, de los que tengo ahora. Sé que esto me romperá el corazón, porque un día me despertaré y no os tendré ahí así.
Dicen que en la adolescencia encuentras a tu primer amor. Y sientes que estás en las nubes, y que el sol brilla. Y que los pájaros cantan. Y que la vida es vida. Y que te romperán el corazón. Y la vida lo hará. Pero:
Vosotros sois mi primer amor, y siempre estaré enamorada. Y solo puedo daros las gracias.
Anoche me di cuenta de lo maravillosa y aterradora que es la vida. Así de generosa, dándotelo todo, y así de egoísta, quitándotelo. Te da un futuro, pero te quita cosas que tú quieres tener en él.
Quiero detener el tiempo. Quiero que todo se detenga, que mi cuerpo se quede en ese sofá, encima de todos, mientras sostengo un copa que no es mía en la mano, y tengo las patatas al lado. Mientras vosotros os estáis riendo con esas risas fuertes y potentes que retumban en mi cabeza, y que tan viva me hacen sentir. Quiero sentir esa música a todo volumen, con todos cantando las mejores canciones, porque esa lista de reproducción fue hecha para nosotros. Quiero que me vuelvas a sacar a bailar, y hacer los pasos más torpes del mundo pero aún así reír de felicidad.
Quiero volver a hacer pizza en una paellera a las diez de la noche como si fuera lo más normal. Y gritar por el balcón. Y pintar las uñas con diseños aztecas a las doce. Y jugar al juego más estúpido y picarme como una cría pequeña. Quiero que vuelva a ser la una, y estar sentada en tu regazo mientras jugamos un estúpido juego donde soy una gallina.
Y quiero acompañarte al baño como cuando éramos pequeñas y vigilarte la puerta. Y sentarme en el balcón, a mil pasos del suelo, con la vida tan grande que me dais a un lado, y con la muerte al otro.
Y quiero sentarme en el suelo con vosotras, y reírnos por todo y por nada. Reírnos porque todos éramos almas rotas que supieron encontrarse y unirse demasiado bien.
Quiero abrazarte, y que pongas tu barbilla sobre mi cabeza. Porque me siento tan pequeña, y tan protegida a la vez.
Quiero abrazarte, y sentir que puedo arreglar los pedazos rotos que componen tu alma. Y a veces, siento que lo hago. Siento que te ayudo. Siento que tu también notas que hay algo potente que une nuestras almas.
Quiero abrazarte, como cada noche, y que me digas alguna bordería para luego soltarme que me quieres. Porque eso me hace tan feliz. Porque me haces sentir tan bien.
Quiero abrazarte, y sentir tu pequeño cuerpo estrecharse con el mío, y sentir que yo te puedo proteger a ti. Que sé que pedazos rotos te componen, y que sé como mantenerlos unidos.
Quiero abrazarte, y sentir cada secreto compartido, cada lágrima que sé que guardas, y el peso de los años que sentimos.
Quiero abrazarte, y seguir abrazándote. Porque siempre serás mi hermana.
Quiero abrazarte y sentir lo mismo que sentí aquella vez y que sentí desde entonces. Que confías en mi. Y que yo lo hago en ti, hasta en lo más profundo.
Quiero abrazaros, y no soltaros. Porque me habéis enamorado de la vida. Y no es algo fácil de decir.
Estoy total, loca, y profundamente, enamorada de la vida. De esta vida. Y sé que nada será igual. Y me duele.
Pero estoy tan agradecida por todo. Tan enamorada de vosotros. De la felicidad que me habéis conseguido dar. Me da miedo pensar en el qué pasará, en cómo irá cambiando todo. Porque no quiero perder absolutamente nada, a nadie, de los que tengo ahora. Sé que esto me romperá el corazón, porque un día me despertaré y no os tendré ahí así.
Dicen que en la adolescencia encuentras a tu primer amor. Y sientes que estás en las nubes, y que el sol brilla. Y que los pájaros cantan. Y que la vida es vida. Y que te romperán el corazón. Y la vida lo hará. Pero:
Vosotros sois mi primer amor, y siempre estaré enamorada. Y solo puedo daros las gracias.
jueves, 4 de junio de 2015
The reasons of the life
Me he dado cuenta de la persona que quiero ser. De la seguridad que puedo sentir. De la confianza que puedo ganar. "Se ha de latir fuerte para que el mundo sepa que existes". Esta frase ronda mi mente últimamente. Quiero latir fuerte. Quiero existir. Quiero vivir.
Creé este blog para encontrar las razones de la vida ("the reasons of the life"). Tanto dolor he escrito aquí, tantas palabras sentidas, y ninguna razón. Porque hasta ahora, estaba perdida. Porque hasta ahora, tenía miedo. Y ahora solo temo todo lo que espero conseguir, no lo que voy a perder.
Estaba empeñada en buscar las razones de la vida, como si hubiera alguna más que el solo hecho de vivir. VIVIR. Vivir es hacer lo que más amas. Cocinar, leer, escribir. Disfrutar con tus amigos, disfrutar de la lluvia, del sol, disfrutar de lo que estudias, de la vida que cada día puedes ver. No es estar feliz continuamente, es saber que puedes ser feliz si te esfuerzas por serlo. Es llorar cuando las lágrimas te inundan, pero es sonreír cuando te presentan razones para ello.
A veces nos obcecamos tanto con que estamos mal, que no nos damos cuenta de que cuando estamos bien,y cuando no, seguimos teniendo lo mismo.
Cuando eres feliz, sigues siendo la misma persona, con los mismos amigos, la misma familia, la misma vida. Pero la razón por la que cambia, eres tú.
Y yo he cambiado. Y ahora miro todo por esa lente óptica a la que llaman la vida. Y veo las razones de la vida. Veo que en una semana, estaré escogiendo la carrera que quiera, que competiré por ser premio extraordinario como siempre deseé, que estoy rodeada de amigos a los que quiero con locura y a los que no puedo olvidar ni un momento. Veo, que tengo ganas del verano, del sol, del mar, de los viajes y el inglés. De leer, de escribir aquí contándoos en que ciudad estoy viviendo, a qué universidad estoy yendo, y a qué chico quiero besar.
Porque todo eso, son mis razones para vivir. Ser yo. Disfrutar con lo que hago, con lo que soy. Amar la persona que soy ahora, amar la forma en la que me comporto, la forma en la que pienso, la forma en la que veo la vida.
Así que, este blog dejará de llamarse The reasons of the life. Porque ya tengo mis razones. Y ahora voy a vivirlas.
Creé este blog para encontrar las razones de la vida ("the reasons of the life"). Tanto dolor he escrito aquí, tantas palabras sentidas, y ninguna razón. Porque hasta ahora, estaba perdida. Porque hasta ahora, tenía miedo. Y ahora solo temo todo lo que espero conseguir, no lo que voy a perder.
Estaba empeñada en buscar las razones de la vida, como si hubiera alguna más que el solo hecho de vivir. VIVIR. Vivir es hacer lo que más amas. Cocinar, leer, escribir. Disfrutar con tus amigos, disfrutar de la lluvia, del sol, disfrutar de lo que estudias, de la vida que cada día puedes ver. No es estar feliz continuamente, es saber que puedes ser feliz si te esfuerzas por serlo. Es llorar cuando las lágrimas te inundan, pero es sonreír cuando te presentan razones para ello.
A veces nos obcecamos tanto con que estamos mal, que no nos damos cuenta de que cuando estamos bien,y cuando no, seguimos teniendo lo mismo.
Cuando eres feliz, sigues siendo la misma persona, con los mismos amigos, la misma familia, la misma vida. Pero la razón por la que cambia, eres tú.
Y yo he cambiado. Y ahora miro todo por esa lente óptica a la que llaman la vida. Y veo las razones de la vida. Veo que en una semana, estaré escogiendo la carrera que quiera, que competiré por ser premio extraordinario como siempre deseé, que estoy rodeada de amigos a los que quiero con locura y a los que no puedo olvidar ni un momento. Veo, que tengo ganas del verano, del sol, del mar, de los viajes y el inglés. De leer, de escribir aquí contándoos en que ciudad estoy viviendo, a qué universidad estoy yendo, y a qué chico quiero besar.
Porque todo eso, son mis razones para vivir. Ser yo. Disfrutar con lo que hago, con lo que soy. Amar la persona que soy ahora, amar la forma en la que me comporto, la forma en la que pienso, la forma en la que veo la vida.
Así que, este blog dejará de llamarse The reasons of the life. Porque ya tengo mis razones. Y ahora voy a vivirlas.
La vida está en mi mano. Puedo cogerla, acariciarla, moldearla. Puedo dejarla libre, o puedo convertirla en lo que yo quiera. Porque lo que yo haga, es lo que será.
Lo que yo decida, decidirá todo. Escogerá dónde vivo, con quién, a quién veré, a quién dejaré de ver. Escogerá con que nuevas personas me río, a cuáles extraño, y a cuales nunca conoceré.
Una simple decisión, que puede cambiar todo lo que conozco y todo lo que conoceré en un solo movimiento. Y lo único que estoy haciendo, es dejarla.
La estoy mirando esperando que ella diga que camino será mejor. Pero solo encuentro mi silencio por respuesta. ¿Y si mi corazón ya sabe lo que quiera? ¿Aunque duela? ¿Aunque no sea lo que siempre soñé? Porque este año, todo lo que había soñado hasta ahora, ha dejado de tener valor. Rápido, fuerte. Todo ha dejado de importarme, todo ese futuro, ese pasado tan doloroso, toda esa gente, todo, ha dejado de importarme.
Porque me he dado cuenta que lo que importa, es esto. Mi presente.
Lo que yo decida, decidirá todo. Escogerá dónde vivo, con quién, a quién veré, a quién dejaré de ver. Escogerá con que nuevas personas me río, a cuáles extraño, y a cuales nunca conoceré.
Una simple decisión, que puede cambiar todo lo que conozco y todo lo que conoceré en un solo movimiento. Y lo único que estoy haciendo, es dejarla.
La estoy mirando esperando que ella diga que camino será mejor. Pero solo encuentro mi silencio por respuesta. ¿Y si mi corazón ya sabe lo que quiera? ¿Aunque duela? ¿Aunque no sea lo que siempre soñé? Porque este año, todo lo que había soñado hasta ahora, ha dejado de tener valor. Rápido, fuerte. Todo ha dejado de importarme, todo ese futuro, ese pasado tan doloroso, toda esa gente, todo, ha dejado de importarme.
Porque me he dado cuenta que lo que importa, es esto. Mi presente.
jueves, 21 de mayo de 2015
Discurso de graduación
Si tuviera que comenzar un discurso, probablemente no conseguiría pronunciar una sola palabra de él, porque terminaría llorando. Os aseguro que sería emotivo, sincero, directo. Os aseguro que lloraríais conmigo. Os aseguro que no expresaría ni la mitad de lo que deseo expresar.
Si tuviera que comenzar un discurso, probablemente lo iniciaría dando las gracias. ¿A qué? ¿A quién? ¿Por qué? Tan solo han sido dos años, no es posible que esta chica se emocione tanto, diría la gente. Y yo les corregiría seguramente, no han sido dos, han sido tan solo nueve meses.
Continuaría explicando que estoy muy agradecida al instituto, a mis padres, a mi familia, al profesorado. Pero me conozco, y se me formaría un nudo en la garganta por tanta mentira. Miraría al frente, y sonreiría. Y agradecería mentalmente a los pocos que me han hecho disfrutar la cultura, y despreciaría a todos esos que no.
Si tuviera que dar el discurso, probablemente no lo haría sola. Estaría conmigo otro estudiante. Seguramente leería algo llegados a este punto, acerca de lo rápido que hemos crecido, de la fugacidad de la juventud, del suspiro que es el tiempo. Y yo resoplaría disimuladamente a su lado, porque el tiempo solo es un suspiro cuando tu abres la boca para dejarlo escapar.
Pero entonces, sería mi turno de hablar. Porque yo me habría pedido esta parte, en vez de el gran final que tienen los discursos de graduación. Qué sentido tiene darle un gran final a una historia que no quieres cerrar.
Y entonces hablaría. Y olvidaría el papel sobre el atril, y dejaría que mi mirada lo dijera todo por mí. Lo haría breve, parco quizá. Pero con todo el corazón en él.
¿No es la vida un suspiro? Diría, continuando lo dicho por mi compañero.
Un curso, apenas nueve meses, apenas un pestañeo de la vida. Pero este suspiro, afirmaría, ha sido como el primer aliento que coges tras una larga carrera, como el brillo del sol tras una larga temporada de invierno.
Haría una pausa, tragaría saliva. Y tan solo sonreiría, y diría lo feliz que soy. Porque yo era esa corredora de fondo que no sabía parar para respirar. Era esa noruega encerrada en casa durante la temporada de invierno. Era esa jugadora esperando darle al play. Y ese suspiro, ha sido en realidad una larga respiración.
Hablaría de ese vacío que siento, tan triste y reconfortante a la vez. Porque solo se siente vacío cuando la vida ha estado llena. Hablaría de las increíbles experiencias que he vivido, de lo impresionante que ha sido ese tiempo ahí.
Y finalmente, haría mi gran final. Mi verdadero final. Y diría tan solo un gracias. Gracias. Y seguramente lloraría después de eso, y la gente pensaría que se debe a ese impresionante cierre que está haciendo mi compañero. Pero lo cierto es que sería ese gracias inundando mi corazón. Porque ni las miles de palabras que me gustaría decir en un discurso, resumirían mejor que esa.
Porque ese gracias, es un gracias por devolverme la vida. Es un gracias por enseñarme a disfrutar, a aprender. A querer. A no tener miedo.
Es un gracias por haber puesto un infinito en un suspiro.
Si tuviera que comenzar un discurso, probablemente lo iniciaría dando las gracias. ¿A qué? ¿A quién? ¿Por qué? Tan solo han sido dos años, no es posible que esta chica se emocione tanto, diría la gente. Y yo les corregiría seguramente, no han sido dos, han sido tan solo nueve meses.
Continuaría explicando que estoy muy agradecida al instituto, a mis padres, a mi familia, al profesorado. Pero me conozco, y se me formaría un nudo en la garganta por tanta mentira. Miraría al frente, y sonreiría. Y agradecería mentalmente a los pocos que me han hecho disfrutar la cultura, y despreciaría a todos esos que no.
Si tuviera que dar el discurso, probablemente no lo haría sola. Estaría conmigo otro estudiante. Seguramente leería algo llegados a este punto, acerca de lo rápido que hemos crecido, de la fugacidad de la juventud, del suspiro que es el tiempo. Y yo resoplaría disimuladamente a su lado, porque el tiempo solo es un suspiro cuando tu abres la boca para dejarlo escapar.
Pero entonces, sería mi turno de hablar. Porque yo me habría pedido esta parte, en vez de el gran final que tienen los discursos de graduación. Qué sentido tiene darle un gran final a una historia que no quieres cerrar.
Y entonces hablaría. Y olvidaría el papel sobre el atril, y dejaría que mi mirada lo dijera todo por mí. Lo haría breve, parco quizá. Pero con todo el corazón en él.
¿No es la vida un suspiro? Diría, continuando lo dicho por mi compañero.
Un curso, apenas nueve meses, apenas un pestañeo de la vida. Pero este suspiro, afirmaría, ha sido como el primer aliento que coges tras una larga carrera, como el brillo del sol tras una larga temporada de invierno.
Haría una pausa, tragaría saliva. Y tan solo sonreiría, y diría lo feliz que soy. Porque yo era esa corredora de fondo que no sabía parar para respirar. Era esa noruega encerrada en casa durante la temporada de invierno. Era esa jugadora esperando darle al play. Y ese suspiro, ha sido en realidad una larga respiración.
Hablaría de ese vacío que siento, tan triste y reconfortante a la vez. Porque solo se siente vacío cuando la vida ha estado llena. Hablaría de las increíbles experiencias que he vivido, de lo impresionante que ha sido ese tiempo ahí.
Y finalmente, haría mi gran final. Mi verdadero final. Y diría tan solo un gracias. Gracias. Y seguramente lloraría después de eso, y la gente pensaría que se debe a ese impresionante cierre que está haciendo mi compañero. Pero lo cierto es que sería ese gracias inundando mi corazón. Porque ni las miles de palabras que me gustaría decir en un discurso, resumirían mejor que esa.
Porque ese gracias, es un gracias por devolverme la vida. Es un gracias por enseñarme a disfrutar, a aprender. A querer. A no tener miedo.
Es un gracias por haber puesto un infinito en un suspiro.
viernes, 8 de mayo de 2015
A veces es solo una cita célebre, una frase que lees en algún sitio perdido pero que se queda en tu mente. A veces es un libro, o una entrada, o incluso tu forma de mirar como brilla el sol. Porque sí, a veces, te das cuenta de que el sol brilla aunque no te hayas percatado en todo ese tiempo.
A veces, la vida que vives, es realmente la que quieres vivir. Y cuando te das cuenta de eso, te das cuenta de todo lo demás. Te das cuenta de que sin saber como, una estúpida elección como cambiar de bachiller, te ha dado la mayor felicidad de tu vida. Sin saber por qué o cómo, has pasado de querer morir, a no querer dejar de vivir.
viernes, 17 de abril de 2015
No quería meterme aquí porque no sabía que iba a escribir. Me daba miedo dejar a mi mente libre y escribir lo que me saliera de lo más hondo. Porque si lo hago, voy a dejar salir todo eso que me llevo callando. Pero sinceramente, quiero que lo escuches. Quiero que lo leas, que sepas lo que siento.
He cometido muchos, muchísimos errores en mi vida. Y creo que esto, lo que ha ocurrido, no ha sido uno. Sé que no he sido la mejor persona actuando. Sé que he causado dolor a gente a la que realmente quería, y que me sigue importando. Sé que escogí mal el día, que esa decisión siempre le duele a la otra persona, pero a mí también me dolió. Yo también sufrí, en silencio, pero lo hice. Pero creo que no hay ningún error aquí. Continuar con algo que no puedes mantener en ese momento y que se ha disuelto para ti tiempo después, no es ningún error. Es la vida. Y a mí me duele, porque es algo que he querido con toda mi alma, pero que confundí. Algo que no vino en el momento apropiado, y sí, sufro por ello, pero no quiero estar mal eternamente. No quiero mostrar que lo he pasado mal, que he sufrido, que me he enfadado conmigo misma por ello. Sé que no actué precisamente bien, y lo siento por ello. Lo sentí en aquel momento, lo sentí después, y lo siento ahora.
Pero creo, que si he sido algo, ha sido honesta. He intentado actuar del mejor modo, aunque no siempre lo he conseguido. Nunca fingí un sentimiento.
Quise esa amistad, y quizá no he luchado suficiente por ella, pero tú tampoco. Has querido que fuera yo la única que se esforzara por mantener una amistad, y eso no puede ser así. Si tú no me hablas, yo a ti tampoco, y viceversa. Nunca quise acabar así. Nunca creí que las cosas serían así de tirantes, así de vacías, como si nunca hubiera habido ni una sola palabra entre nosotros. La amistad después de una relación es un esfuerzo muy grande, y no tengo muy claro que ambos lo queramos hacer.
He actuado mal varias veces contigo, pero no lo estoy haciendo ahora. He sido alguien en quien puedes confiar, alguien que se ha preocupado por ti, alguien a quien le has importado de verdad. He intentado hacerlo bien, intentar encontrar el punto medio en le que podamos tener algo como una amistad después de lo que tuvimos. Esa amistad no surge en un minuto, ni en un mes, ni quizá en dos o tres. Surge con el tiempo, y yo he intentado dejarla fluir por si sola. Pero al parecer, para ti nada de lo que hago está bien. O sí. Porque tienes tus dos partes, la que me muestras a mí y la que muestras a los demás sobre mí.
Yo sé la opinión que tengo sobre mí, sé la que tengo sobre ti. He sido siempre honesta en todo. Sobre nosotros, sobre ti. Y si es por eso que ahora tengo tu desprecio, adelante. Hazlo. Di lo que quieras sobre mí, piensa lo que quieras sobre mí, mírame como te plazca. Si te he decepcionado, si no te he dado la amistad que querías, lo siento. Si te he fallado, lo siento. No fue mi primera opción nunca decepcionarte. Pero esta es mi última disculpa, porque ya no tengo nada que decir. Eso es pasado, y solo quiero ahora mi presente y mi futuro. Tú sabrás si quieres estar en él. Esto es todo lo que yo voy a hacer por estar en el tuyo.
He cometido muchos, muchísimos errores en mi vida. Y creo que esto, lo que ha ocurrido, no ha sido uno. Sé que no he sido la mejor persona actuando. Sé que he causado dolor a gente a la que realmente quería, y que me sigue importando. Sé que escogí mal el día, que esa decisión siempre le duele a la otra persona, pero a mí también me dolió. Yo también sufrí, en silencio, pero lo hice. Pero creo que no hay ningún error aquí. Continuar con algo que no puedes mantener en ese momento y que se ha disuelto para ti tiempo después, no es ningún error. Es la vida. Y a mí me duele, porque es algo que he querido con toda mi alma, pero que confundí. Algo que no vino en el momento apropiado, y sí, sufro por ello, pero no quiero estar mal eternamente. No quiero mostrar que lo he pasado mal, que he sufrido, que me he enfadado conmigo misma por ello. Sé que no actué precisamente bien, y lo siento por ello. Lo sentí en aquel momento, lo sentí después, y lo siento ahora.
Pero creo, que si he sido algo, ha sido honesta. He intentado actuar del mejor modo, aunque no siempre lo he conseguido. Nunca fingí un sentimiento.
Quise esa amistad, y quizá no he luchado suficiente por ella, pero tú tampoco. Has querido que fuera yo la única que se esforzara por mantener una amistad, y eso no puede ser así. Si tú no me hablas, yo a ti tampoco, y viceversa. Nunca quise acabar así. Nunca creí que las cosas serían así de tirantes, así de vacías, como si nunca hubiera habido ni una sola palabra entre nosotros. La amistad después de una relación es un esfuerzo muy grande, y no tengo muy claro que ambos lo queramos hacer.
He actuado mal varias veces contigo, pero no lo estoy haciendo ahora. He sido alguien en quien puedes confiar, alguien que se ha preocupado por ti, alguien a quien le has importado de verdad. He intentado hacerlo bien, intentar encontrar el punto medio en le que podamos tener algo como una amistad después de lo que tuvimos. Esa amistad no surge en un minuto, ni en un mes, ni quizá en dos o tres. Surge con el tiempo, y yo he intentado dejarla fluir por si sola. Pero al parecer, para ti nada de lo que hago está bien. O sí. Porque tienes tus dos partes, la que me muestras a mí y la que muestras a los demás sobre mí.
Yo sé la opinión que tengo sobre mí, sé la que tengo sobre ti. He sido siempre honesta en todo. Sobre nosotros, sobre ti. Y si es por eso que ahora tengo tu desprecio, adelante. Hazlo. Di lo que quieras sobre mí, piensa lo que quieras sobre mí, mírame como te plazca. Si te he decepcionado, si no te he dado la amistad que querías, lo siento. Si te he fallado, lo siento. No fue mi primera opción nunca decepcionarte. Pero esta es mi última disculpa, porque ya no tengo nada que decir. Eso es pasado, y solo quiero ahora mi presente y mi futuro. Tú sabrás si quieres estar en él. Esto es todo lo que yo voy a hacer por estar en el tuyo.
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